Proyecto ganador del primer lugar de Chirmol City Guatemala 2015










Desde niño, he sido fiel amante de la cocina guatemalteca. Recuerdo cuando acompañando a mi madre y a mi abuela incursionábamos en el Mercado Central de la ciudad de Guatemala. Caminaba entonces por sus callejones, abrumado por el colorido de las flores, frutas, verduras y rebosantes costales de chiles, granos y semillas; un universo de aromas que, en el área de carnicería, se volvía un reto para mi inexperto olfato. Me impresionaba esa exhibición de cabezas de cerdo, trozos de carne, patas y colas de res, gallinas, pollos y pescados. Imágenes impactantes e indelebles para cualquier niño.
Sin embargo, descubrí que de esa multiplicidad de colores, texturas, olores y sabores surge la alquimia de los platos tradicionales guatemaltecos; descubrí cómo, en las sabias manos de abuelas y madres, en rituales casi ceremoniales, se transforman en esa diversidad de comidas típicas, fruto de la mezcla de cocinas indianas e hispanas, que satisfacen paladares propios y extraños.
Esa curiosidad, nacida en mi infancia, me llevó a indagar sobre las fórmulas culinarias, culpables de tanta diversidad aromática y de sabores, que hacen de la cocina guatemalteca uno de los pilares más significativos de nuestra identidad cultural.
Fruto de esa indagación, es esta serie fotográfica, donde se muestran las formas y colores que conforman los ingredientes de tres de los platos más representativos y favoritos de los citadinos guatemaltecos. El espectador podrá también, con ojo inquisitivo, descubrir la similitudes y diferencias de los ingredientes que convergen para producir nuestra variada y mestiza cocina. Podríamos decir, que se trata de un recetario sin palabras, que reta la imaginación del observador, para que intente descubrir qué platos le estamos presentando.